Museo del Romanticismo

El Romanticismo español, etapa breve pero intensa ensartada en el siglo XIX, tras los últimos coletazos de la invasión napoleónica, se caracterizó por la exaltación del liberalismo económico, la filosofía idealista y una nueva estética y pensamientos asociados a la libertad moral y sentimental, la rebeldía y el afán de amor y de evasión.

Sus motivos históricos y costumbristas, así como los diferentes palos de su arte, se recogen exquisitamente en uno de los Museos más prolíficos, ricos y apasionantes de Madrid: el Museo del Romanticismo. El viaje que el visitante tiene la oportunidad de iniciar a través de sus salas y colecciones, garantiza un traslado representativo a esos tiempos sensibles en los que Zorrilla y Espronceda escribían romances como puños, o Bécquer musitaba entre versos eso de “asomaba a sus ojos una lágrima y a mi labio una frase de perdón”.

Museo del Romanticismo
Foto: Museo del Romanticismo

El inicialmente bautizado como Museo Romántico hunde sus orígenes en una figura muy concreta, la del Marqués de la Vega-Inclán, epítome de la vida cultural española de la época, e importante gestor de la conservación del patrimonio histórico. Este reputado personaje donó gran parte de sus cuadros y objetos de su propiedad a una exposición de la Sociedad de Amigos del Arte, antesala de lo que luego sería el Museo. Este fue finalmente inaugurado en 1924, añadiéndose a las obras de su fundador diversos materiales personales de grandes maestros de la literatura como Larra o Juan Ramón Jiménez. El Museo pronto se convirtió en el “niño mimado” de los intelectuales de la época, llegando a ser dirigido incluso por Rafael Alberti durante la época de la Guerra Civil.

Ahora, aún alojado en su edificio de origen, un bonito palacete neoclásico en la calle San Mateo dotado de gran iluminación y estilo que recuerda a las más bellas casas-museos europeas, continúa ampliando su conjunto de piezas. Pero sobre todo, ofrece al visitante, además de esta seductora profundización en los vestigios románticos, un atractivo programa de actividades diversas.

El Museo expone y clasifica sus fondos en una serie de categorías: pintura, miniatura, mobiliario, artes decorativas, estampa, dibujo y fotografía. Algunas de las maravillas más destacadas que uno puede descubrir en sus rincones son cuadros de Goya o de Leonardo Alenza, las magníficas acuarelas paisajísticas de Esquivel, la también preciosa colección de abanicos, y por supuesto, objetos y muebles de todo tipo. Pues hay que significar que uno de los mayores placeres del Museo radica precisamente en la “escenificación ambiental” de las estancias, que se hayan decoradas y arregladas según la moda del momento. Esta recreación de interiores de la época realza el valor de la visita, y contribuye a sumergir aún más a los visitantes en la atmósfera de la época.

Foto: Museo del Romanticismo
Foto: Museo del Romanticismo

Y por si fuera poco con esta original y entretenida colección, hay que reconocer el esfuerzo singular del Museo por ofrecer además una vasta programación de actividades deliciosas: visitas teatralizadas, conciertos, cuentacuentos, talleres infantiles, festivales y conferencias, que hacen de esta pequeño edificio madrileño todo una joya cultural. Sus horarios varían según la temporada (consúltense aquí), pero la entrada es barata a diario… ¡e incluso gratuita los Sábados!

Foto: La muerte de Daoíz en el Parque de Artillería de Monteleón, Leonardo Alenza, Museo del Romanticismo