Madrid Río

Áreas verdes, puentes, miradores, fuentes, jardines, zonas deportivas, picnics, paseos, deliciosas vistas de atardeceres…. Este espacio madrileño constituye uno de los pulmones de la gran metrópolis de Madrid y un superdotado conjunto arquitectónico y natural que da pie a numerosas actividades disfrutables de toda índole. Nos encontramos sin duda alguna en uno de los rincones más tranquilos, pacíficos y agradables de la siempre ruidosa y bulliciosa ciudad. Aunque tal vez definirla como “rincón” es quedarse algo corto y supone un involuntario menosprecio a los más de 1.000.000 de metros cuadros a los que se expande su superficie total. ¿Hay ganas de irse de merienda romántica o de solitaria caminata a algún recoveco arbolado en medio del corazón metropolitano? El Río Manzanares abre sus orillas con la forma del Madrid Río. ¡Vamos allá!

Foto: Ayuntamiento de Madrid
Foto: Ayuntamiento de Madrid

Este gigantesco parque lineal tiene una vida relativamente joven. Su nacimiento va de la mano de una de las mayores operaciones ecológicas de la ciudad, y data del año 2003. En donde ahora los ciudadanos pueden disfrutar de sus floreados encantos, corría antes un segmento de la M-30, poblada de tráfico y contaminación. Primero tuvo lugar la reforma urbana y soterramiento de la autopista en la zona del río. Posteriormente, a través de un certamen internacional de ideas que convocó el Ayuntamiento de Madrid para implantar espacios liberados de circulación automovilística, se dio pistoletazo de salida al proyecto de Madrid Río. Unas obras ambiciosas que comenzaron en el año 2007 y que dieron fin el día 15 de abril del 2011. El resultado fue impactante: el mapa urbano de la zona quedaba completamente renovado, con una nueva vértebra de importancia en la ciudad que llegaba desde El Pardo hasta Getafe, y un revitalizado protagonismo del río. Una extensión de miles y miles de metros cuadrados de pradera, aliñada de decenas de especies de árboles y arbustos, configuraba el resultado final de semejante esfuerzo.

El espacio está subdividido en 9 ámbitos referenciales: el Salón de Pinos hace el papel de arteria principal y corredor arbolado del parque, y está rodeado y acompañado de las distintas seis zonas ajardinadas (Aniceto Marinas, Virgen del Puerto, Puente de Segovia, Puente de Toledo, Matadero y parque de Arganzuela), el bulevar de la avenida de Portugal, y la Huerta de la Partida, que conecta con la Casa de Campo.

Foto: Ayuntamiento de Madrid
Foto: Ayuntamiento de Madrid

Uno de los elementos a destacar de todo Madrid Río, más allá de la vastedad de sus zonas verdes, es la amplitud de sus infraestructuras deportivas y recreativas. Para aquellos que practican los deportes, o que gustan simplemente de ejercitar los músculos, las opciones son muy diversas: pistas de tenis, fútbol, baloncesto y pádel, así como espacios para el patinaje, el skate o la escalada. Dignas de mención son también las copiosas sendas para bici, que se extienden a lo largo de 30 kilómetros. Y por otro lado, los más pequeños cuentan también con áreas de juegos infantiles. Toda una completa disposición de opciones deportivas que ofrece incluso… ¡pistas de petanca!

A pesar de que el punto fuerte de Madrid Río sea precisamente el verde y las actividades al aire libre, también hay hueco para la cultura. Tres plataformas de eventos culturales se reparten en el espacio, y las entrañas del parque acogen también el Centro de Interpretación del Río Manzanares. Pero lo más destacable es sin duda el Complejo Cultural del Matadero, que se erige en uno de las orillas del río a la altura de Legazpi, y que constituye uno de los centros multidisciplinares de artes más importantes de toda la capital.

Fuente: Ayuntamiento de Madrid
Foto: Ayuntamiento de Madrid

Con semejante despliegue de alternativas, la jornada puede muy bien rellenarse al completo: se puede comenzar la mañana con la visita a algunas de las múltiples e interesantes exposiciones del Matadero, buscar luego tranquilamente a lo largo de los paseos arbolados un rincón para comer de picnic a orillas del río, y para la tarde y si el tiempo estival lo permite, ¿por qué no visitar la playa artificial y darse un chapuzón? Al estar su uso restringido al período de verano, si el turista visita la ciudad en otra temporada, bien puede dedicarse simplemente a llegar hasta alguno de los jardines repartidos de norte a sur, y vagar entre sus flores y fuentes. Y ya para el final del día, con la lenta y magnífica caída del ocaso, el cierre perfecto lo otorga el irse a observar los colores del atardecer sobre la ciudad desde alguno de los preciosos miradores.

Foto: Ayuntamiento de Madrid