- Su director, Charlie Kaufman, ganó el Óscar al mejor guion original en 2005
- El largometraje protagonizado por marionetas animadas con la técnica del “stop motion”
Michael Stone, escritor de libros de motivación personal, llega a una ciudad de Estados Unidos (Cincinnati) para impartir una conferencia sobre metodologías formativas relacionadas con la atención al cliente. En el hotel donde se hospeda la noche anterior a la charla se invocará el recuerdo de los “fantasmas” derivados de la desconexión con el mundo que se produjo en su vida diez años atrás al finalizar una relación sentimental a la que, todavía, sigue anclado mentalmente. Pero, ¿qué tiene de particular y de diferente “Anomalisa”? ¿Por qué con ese argumento sobre el desamparo y la demencia que podría ser parecido, con matices, al de decenas de otras películas más o menos independientes, asombra y sorprende al espectador? Porque no está interpretada por actores de «carne y hueso» sino por marionetas animadas fotograma a fotograma con la técnica del “stop motion” que parecen vivas a las que ponen voz solventes y reconocidos actores (Jennifer Jason Leigh y David Thewlis, principalmente).
“Anomalisa” es la última película de un creador, Charlie Kaufman, fascinante, extraño y misterioso. Un cineasta de las obsesiones, soledades y de las neurosis cuya insólita obra bien podría ser el equivalente en nuestro siglo (con sus tecnologías modernas oportunas) a la de los primeros artífices del arte cinematográfico (Méliès, Segundo de Chomón …) que llenaron de imaginación y talento las narrativas fundacionales mezclando en ellas, lo fantástico con lo real, los trucos de magia, las animaciones y las ilusiones ópticas con las realidades cotidianas que aportaban las presencias y los cuerpos de los actores y figurantes. ¿Cuál será el siguiente proyecto en el que se embarque Charlie Kaufman tras su anterior película «Synecdoche, New York» y esta «Anomalisa»? Un misterio.













































