El Puerto de Málaga volvió a llenarse de música, energía y emociones con la celebración del Brisa Festival, que durante tres intensas jornadas convirtió el Dique de Levante en un gran escenario al aire libre. Esta quinta edición reafirmó el carácter singular del evento dentro del circuito andaluz, con una propuesta cuidada que apuesta por la convivencia, el talento local y el disfrute en un entorno privilegiado junto al mar.
Miles de personas pasaron por el recinto a lo largo del festival, disfrutando de una atmósfera vibrante pero accesible, donde la cercanía entre artistas y público sigue siendo uno de los sellos de identidad del Brisa. El ambiente fue uno de los grandes protagonistas: familias, grupos de amigos y melómanos compartieron espacio en un formato que crece sin perder su esencia. La representación local brilló por su fuerza y frescura: bandas malagueñas y andaluzas como Anni B Sweet, Detergente Líquido, Nadie Patín, Moon Orchard, Fauces, Midnight Walkers, Javier Lekker, Polarnova, Carmen Xía, Ignorentes, Sike, Rocío Lapaz, Jassy Ojeda, Melifluo, Los Voluble y Victorias ofrecieron shows llenos de personalidad
Entre los emergentes, Carlos Ares ofreció una de las actuaciones más comentadas: interpretó Peregrino con una intensidad que conjuga influencias globales —de Galicia a Irlanda— en un directo hechizante. Anni B Sweet, orgullosa representante de Málaga, regaló un concierto cálido y vibrante, entregada totalmente al escenario, dejando una sensación inolvidable. Miss Caffeina, por su parte, electrificó al público con un set lleno de hits como “Para toda la vida” o “Debería estar brillando”
También dejó huella la actuación de Viva Suecia, que con un lleno absoluto desde Bien por ti desplegaron una energía arrolladora. En un giro inesperado, subieron al escenario Siloé para interpretar en directo “Sangre”, un dúo reciente con los murcianos, solo 24 horas antes de lo previsto, sorprendiendo gratamente al público. Entre los momentos más destacados, hubo espacio para la nostalgia y para el descubrimiento. Duncan Dhu, una banda mítica, celebró sobre el escenario su 40 aniversario, logrando emocionar a varias generaciones. A la vez, numerosos proyectos emergentes andaluces se dieron a conocer en un entorno profesional y de gran visibilidad, lo que refuerza el papel del festival como escaparate para el nuevo talento.
Entre risas, constante energía y alguna sorpresa improvisada, Pony Bravo trajo su característica psicodelia y humor al escenario, contagiando una atmósfera irreverente y festiva. Para cerrar, La Casa Azul elevó el nivel con su espectáculo audiovisual: hit tras hit, desde “Podría ser peor” hasta “Revolución sexual”, ofreciendo un cierre majestuoso a un festival redondo
La edición de este año introdujo además la zona Brisa Kids, un espacio diseñado para acercar la experiencia musical a familias con niños, con actividades paralelas adaptadas a todas las edades. Esta iniciativa, junto con la apuesta por una organización más inclusiva y sostenible, confirma que el Brisa quiere ser mucho más que un festival.
Especial mención merece su ubicación: el Dique de Levante del Puerto de Málaga, una localización que permite vivir los conciertos con vistas al mar, lejos del bullicio del centro, y sin caer en el circuito más turístico. Las noches del Brisa ofrecieron una estampa difícil de igualar, con el sonido de las olas, luces cálidas y canciones que viajaban con el viento.
Sin necesidad de competir con las grandes citas del verano español, el Brisa Festival sigue construyendo su propio espacio: cercano, bien organizado y profundamente conectado con la ciudad. Con el eco de los últimos acordes aún en el aire, Málaga cierra esta edición con buenas sensaciones y la mirada ya puesta en 2026.














































