- El músico estadounidense presentó este martes en Madrid su último disco
- Dos horas de música ante un Nuevo Apolo bordeando el lleno
Una burbuja rodeó este martes 1 de noviembre al Teatro Nuevo Apolo. Dentro de ella sólo estaban permitidas tres cosas: la música y la voz de Andrew Bird, y los aplausos de un público rendido a sus pies. El estadounidense volvió a ganarse el respeto del público madrileño con un concierto íntimo de alrededor de dos horas de duración repartidas en 19 temas de un cancionero con dos décadas de vida.
Andrew Bird se presentaba en la capital con un nuevo disco bajo el brazo, Are you serious?, considerado por él mismo el mejor y más cercano de una trayectoria compuesta por catorce álbumes más. Todo un veterano. A priori, el escenario podía parecer grande para un sólo músico equipado «únicamente» con violín, xilófono y guitarra eléctrica. Pero no para el estadounidense. Pasados poco minutos de las 21 horas las luces del teatro centraban su atención en el escenario donde aparecía Bird para colocarse al hombro el violín y empezar a defender Are you serious? con su canción de apertura «Capsized«. Sólo eso hizo falta para entender que se avecinaba una noche de Todos los Santos especial de la mano del «Hombre Orquesta«, un sobrenombre que se ha ganado gracias a su capacidad para, ayudado por una mesa de pedales que guarda y reproduce el sonido, crearse acompañamientos musicales e incluso coros.

Como decíamos al principio, desde ese momento hasta un poco antes de las 23 horas el teatro fue rodeado por una burbuja donde sólo la música era importante. Todo movimiento del estadounidense provocaba una apasionante sensación de reposo y fascinación mientras por el recinto se deslizaban canciones recientes como «Are you serious?», «Left handed kisses» o «Roma fade«, y clásicos como «Night sky«. El pop y el folk se aliaban con la música experimental y unas notas de jazz y soul, herencia de sus inicios en el mundo de la música, en un ejercicio de maestría tanto al violín tradicional como al violín pulsado como un banjo.
Pero quizá la característica más reconocida de Andrew Bird, junto a su destreza al violín, sea su potente e inusual manejo de los silbidos. Bird utiliza el silbido no sólo como acompañamiento, sino como parte esencial de su música, como si un coro de pájaros se reuniera alrededor del de Illinois.
Así fue avanzando el concierto, en el que la única incidencia tuvo lugar cuando un fallo electrónico le impidió interpretar una canción hasta desistir y seguir avanzando en el cancionero con «Three White Horses» y «Pulaski at night» antes de desaparecer del escenario por unos segundos y regresar entre aplausos del público para cerrar su recital en la capital con dos únicas canciones, entre ellas una brillante «Give it away«. Una tímida despedida con reverencia al respetable cerraba la presencia de Andrew Bird en Madrid, aunque las paredes seguían silbando mientras el teatro se iba vaciando. Su coro de pájaros.













































