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Todos somos amigos de Coti

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Carlos Martín Fernández
  • El cantante ofreció este martes un concierto íntimo en los Teatros Luchana
  • La gira se despedirá de Madrid el 31 de mayo con el segundo de los directos en el teatro

El servicio nos abrió la puerta e invitó a sentarnos cómodos en el salón de la casa Luchana hasta que el anfitrión saliera a recibirnos. La habitación principal del hogar madrileño lucía cercana, acogedora, con un par de lámparas de tenue iluminación, una copa de vino tinto, una gran imagen del dueño del edificio durante las dos últimas noches de mayo, y la presencia de sus compañeros inseparables en este íntimo viaje por el mundo: un viejo bandoneón, tres guitarras y un piano. Nada más es necesario cuando te encuentras en petit comité. Habían pasado 15 minutos de las ocho y media de la tarde cuando Coti salía a recibir a un grupo aproximado de 100 desconocidos que, dos horas después, pueden considerarle como un amigo.

Carlos Martín Fernández

Cada palabra y decisión del músico vino a resaltar la importancia del momento. Nada más existía fuera de las paredes de la casa Luchana. Así, la velada comenzó con «Aquí y ahora» y «Te quise tanto» al vetusto bandoneón de origen alemán, un regalo de su padre y una excusa perfecta para reivindicar el tango, dar una lección de historia a los presentes sobre su origen y lo que representa para un argentino, con un homenaje a Gardel incluido a ritmo de «Caminito».

La casualidad no existe en Coti, y el nombre elegido para su gira (Cercanías y Confidencias) no es fruto del azar. Con el devenir de la noche los propios invitados pudieron comprobarlo, con dos secretos con los que empezó a ganarse su amistad. La primera, los motivos del nacimiento de «Andar conmigo», una canción que compuso junto a una tímida joven que acogió en su casa por compromiso con el cuñado de ésta. Su nombre, Julieta Venegas. La segunda, las motivaciones de «Color Esperanza«, tema que comenzó a florecer en su cabeza dentro de un autobús justo en el momento en que Argentina sangraba de dolor y pobreza. Junto a un amigo terminó de componer una melodía que se acabaría convirtiendo en éxito de la mano de Diego Torres y que este martes hizo remover en sus asientos a todos los invitados presentes.

Carlos Martín Fernández

La guitarra escupió las notas de «Diamante«, «50 horas» y «París de tu mano» (un guiño a Antonie de Saint Exupéry) antes de ceder su protagonismo a un piano que sonó «Igual que ayer», y por el que pasó John Lennon y su «Jealous Guy», en palabras de Coti, «el mejor compositor  y cantante en la Historia de la música».

Todavía quedaría tiempo para volver a la guitarra y nombrar a «La suerte«, para gritar a los cuatro vientos «Antes que ver el Sol«, para volver «Otra vez» por el bien de los dos, desgarrarse con aquellos «Días» en los que echamos de menos nuestros orígenes y nuestra gente, e incluso desenchufar el instrumento de seis cuerdas y susurrar en alto aquel reencuentro de «Nueces«, antes de entonar una «Canción de adiós» que no supo triste, ya que los 100 desconocidos se habían convertido en un centenar de amigos inseparables.

Foto: Carlos Martín Fernández

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